Hablar de dietas genéticas podría no sonar a novedad, puesto que tras el trazado del genoma humano surgió un boom de la conocida nutrigenética: planes dietéticos basados en estudios que analizaban unos cuantos marcadores de ADN relacionados con el metabolismo. Sin embargo, la nutrogenómica es otra historia: su evolución ha sido radical.
Hablar de
«dietas genéticas» podría no sonar a novedad, puesto que -como reconoce la doctora
Paula Rosso de la clínica Corporal M+C- tras el trazado del
Genoma humano, surgió un boom de la conocida
Nutrigenética: planes dietéticos basados en estudios que analizaban unos cuantos marcadores de ADN relacionados con el metabolismo.
La
Nutrogenómica es otra historia. Desde los primeros tests la evolución ha sido radical: «Aquellos estudios estaban, \'en pañales\' ya que había pocos estudios comparativos de los genes involucrados y su influencia en la dieta -explica Rosso-. Sin embargo, en los últimos años, se han identificado nuevas mutaciones específicas de ciertos genes».
Un análisis pormenorizado de esos marcadores permite dar respuesta a casi todos los grandes \'por qués\' de las dietas, como el famoso ¿por qué dos personas que comen exactamente lo mismo y practican el mismo tipo y cantidad de ejercicio, no adelgazan en la misma medida?
Los nuevos tests nutrigenómicos están a la orden del día. Se han empezado a ofertar incluso a los clientes de conocidos seguros médicos privados.
Sin embargo, no todos los laboratorios que realizan estudios genéticos ofrecen estudios igual de precisos (no es tan completo uno que se centra en 30 marcadores como otro que ofrece datos de más de 100) ni interpretan de igual manera los resultados (el informe debe aportar la base científica en la que se basan los resultados).
Para la doctora
Sofía Ruiz del Cueto, los más reputados y fiables vienen de Los Angeles (
Pathway Genomics). Analizan 145 genes que dan respuesta a 41 grandes cuestiones para anticiparse a posibles deficiencias y alteraciones futuras relacionadas tanto con nuestro peso corporal.
Test i-Gen Fit
¿Para qué y para quién sirve un Test i-Gen Fit? Está indicado para cualquier hombre o mujer de identidad étnica caucásica (los estudios sobre los que se basa se han realizado únicamente en individuos de esta etnia y aún no se sabe si pueden aplicarse a otras).
A partir de una simple muestra de tejido epitelial de la boca (que se obtiene frotando un bastoncillo de algodón por la zona) se puede entender nuestro organismo y sus necesidades dietéticas, y a partir de ahí, personalizar el plan alimenticio (se analizan 11 marcadores).
Da respuesta a datos como si existe una mayor o menor propensión a perder peso; la cantidad de las grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas admitida (existen 2 genes específicamente relacionados con la forma que tiene nuestro organismo de procesar cada tipo de grasa); el riesgo de desequilibrio entre
Omega 3 y Omega 6 (un gen específico que codifica una enzima relacionada con estos ácidos grasos, cuyo equilibrio resulta básico tanto para la pérdida de peso como para la salud); si se tiene el \'gen\' de la obesidad (que en realidad no es uno sino dos); o si nuestro cuerpo consume calorías en reposo (hay metabolismos llamados rápidos\' que queman energía mientras la persona no se mueve y otros metabolismos que llamamos \'lentos\' que precisan una tasa mayor de ejercicio para quemar las mismas calorías).
Todo esto es fundamental para adecuar la
ingesta de calorías al nivel de ejercicio e incluso tomar medidas para tratar de acelerar el metabolismo de no poseerse la mutación que favorece la quema en reposo.
También existen nada menos que
48 marcadores involucrados en nuestras probabilidades de tener unos índices correctos o incorrectos de
colesterol, así como una mayor predisposición a presentar niveles altos de triglicéridos (grasa almacenada en el organismo).
Las reacciones a la
cafeína (podemos ser metabolizadores lentos de este componente y padecer infarto de miocardio cuando se consumen 4 o más tazas de café al día), a la
lactosa (si está baja la enzima que procesa la lactosa se digerirán mal los alimentos que la poseen) y al
alcohol (existe un gen que determina la predisposición a presentar rubor facial al beber alcohol) también se estudia.
Por último, existen
8 posibles modificaciones que influyen en cómo deseamos ciertos alimentos. Por ejemplo: tener dificultad para sentirnos llenos, tener mucha necesidad de picar entre horas (sobre todo carbohidratos), tener un comportamiento adictivo a la comida... La respuesta a la pregunta ¿por qué cuando estoy nerviosa, triste o estresada no puedo evitar comer mientras que a mi amiga se le \'cierra\' el estómago?
La respuesta está en un
gen asociado a una tendencia a comer más en un momento de nervios o en un bajón. Y si tenemos una propensión hacia el consumo de azúcares podemos tomar medidas al respecto: tratar de no tener dulces a mano para evitar la tentación u optar por sustitutos libres de azúcares que aporten el sabor y engañen a la mente. «Con estos datos en la mano será más fácil controlar estas compulsiones», aseguran las doctoras Rosso y Ruiz del Cueto.
El test se realiza en dos sesiones: en la primera, la toma de muestras saliva y en la segunda, a los 20 días, se entrega un completo dossier con un plan de hábitos y pautas nutricionales y de ejercicio adaptado.